Sunday, July 25, 2010

Sobre el tlaxcaltequismo futbolístico

El otro día estaba de lo más tranquilo en mi casa preparándome para salir a la calle. Podrá sonar a poca cosa pero no lo era: ocurría después de un mes de enajenación total en el que viví aislado como hikokomori, como ermitaño. Y sí: era hora de sacudirme el polvo y salir nuevamente a la calle. Ya sé que, contrario a lo acaecido hace cuatro años, cuando no dejé de despotricar contra el espíritu pambolero imperante ni contra la ineptitud de los directivos del fútbol mundial, llegado el Mundial Sudáfrica 2010 este blog decidió adoptar una postura de extraño silencio. Esto se debió, más que nada, a que me encontraba demasiado ocupado malabareando quinielas como para dejar que el espíritu crítico echara a perder mis necesarias dosis diarias de babeo frente a la pantalla de televisión.

Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse de alguien que recientemente cumplió los 26 años y que en abril presentó la tercera Declaración Anual de su vida (¿dije «presentó»? Perdón, quise decir «incumplió»), mi autocomplacencia pambolera tiene poco que ver con una desradicalización de mis posturas políticas y mucho que ver con el hecho de que he decidido que el futbol me importa tan poco y que el desempeño de la Selección me tiene sin cuidado a tal punto que ni me pienso poner a criticarlo (que el Mundial sea una fiesta publicitaria también me vale culo pues a estas alturas de mi vida soy inmune a la publicidad: mi un millón bardas, ni un millón de minutos de tiempo de radio, tele, etc., podrán convencerme JAMÁS de comprar un pan blanco Bimbo, pero jamás). Pero volvamos a la pregunta inicial ¿Por qué no critiqué el futbol este año? Bueno, porque no considero que el futbol sea un tema de interés nacional ni de gran importancia: preferiría que la selección mexicana jugara peor que la de Finlandia si eso implicara que nuestro nivel de vida promedio fuera similar al de los nórdicos. Creo que cada crítica a la selección mexicana es una crítica que mejor debería hacérsele a otras cosas. Al fin y al cabo, que México juegue mal no tiene mayor importancia. Si los señores aficionados que viven la intensidad del futbol deciden sufrir debido a que el equipo de sus amores no logra pasar de octavos de final desde hace 45 años, eso ya es problema de ellos, y no afecta mucho las condiciones políticas del país (por el contrario: si México gana, ahí si no nos la acabamos: el partido en turno tendría garantizada las siguientes tres reelecciones). Pero bueno, digamos que: en el esquema general del país, que México sea un mal equipo no implica nada.

En fin, he ahí mi excusa. Ahora, vayamos de vuelta al tema de esta entrada: tras esos deplorables 120 minutos en los que España y Holanda se dedicaron a intentar (sin éxito) clavar los tacos en los anos de los contrincantes, y tras desempolvar mis ropas y retirarme el catéter de la uretra (les digo: no me perdía ni un minuto de la transmisión), salí a caminar.

Cuál viene siendo mi puta sorpresa que, al llegar a la zona de la Glorieta de las Cibeles, me encuentro con una de las mayores manifestaciones de estupidez presenciadas en mi vida. Se los dice alguien que ha ido a mítines panistas. Se los dice alguien que estuvo al tanto del mandato de George Bush. Se los dice alguien que alguna vez pasó afuera de un cine que proyectaba el estreno de Twilight.

No sólo era estupidez. Era una puta farsa. Si 200 años después de nuestra independencia, los Padres de la Patria se encontraran a su raza de bronce arropada con una camiseta roja con el emblema de la corona, cantando con su acentro vernáculo las porras del Imperio, lo más seguro es que se pusieran a quemar banderas.

Si de por sí el futbol es una forma socialmente aceptable de saborear glorias ajenas, celebrar los triunfos de un equipo que no es el tuyo equivale a saborear los triunfos ajenos de los ajenos. Es piratearte la fantasía del otro. Es masturbarte con el fetiche ajeno. Es también un acto de desesperación: como esos pervertidos que entran a las recámaras donde otros se echaron una buena cogida para olfatear las sábanas.






Malditos maladaptados sociales. Si en cualquier otro país un inmigrante de cuarta generación saliera a la calle envuelto en banderas del país de sus tataratataratíos, lo acusarían inmediatamente de ser un marginal y le quitarían su pasaporte. Aquí no sólo no es mal visto, sino que es un acto de status.

¡Pero Decomposer! ¡Yo estaba ahí! ¡Merecía celebrar porque tengo apellido español y todo!


La (ir)racionalidad de quienes celebraban es algo como: México nunca va a ser campeón del mundo así que celebremos que un país con el que existe un vínculo histórico lo sea.
Y ahí los tienen: desenterrando el vínculo genealógico más oscuro posible para justificar su alegría. Pobres de nosotros. Hay que estar sedientos de gloria para hacer algo así. ¿Ustedes se imaginan a los gringos de Washington celebrando que Inglaterra ganó el Mundial? ¿O a los brasileños celebrando un triunfo portugués? ¿Saben por qué eso no ocurre? Porque esos países han ganado antes. No me refiero a mundiales. Me refiero a algo, lo que sea. México no ha ganado nada, nunca. Ni guerras, ni mundiales, ni nada. Y si la gente, en lugar de esforzarse por cambiar eso, lo único que hace es intentar vincularse como sea posible con los triunfos ajenos, entonces estamos jodidos.


Conclusiones: ¡Ja! ¡Broma! El tlaxcaltequismo futbolístico me tiene sin cuidado. Celebra a quien quieras, pero asume que es bastante estúpido y desesperado de tu parte. ¿Tienes ganas de celebrar? Pues encuentra tus propios motivos. Celebrar los triunfos o fracasos de otros 22 pelados que usan una camiseta verde o, peor tantito, roja, es bastante ingenuo.

5 comments:

Sir David von Templo said...

Vaya, nunca habia tomado en cuenta que la poca importancia del futbol se incrementa cuando despotricamos contra el. Eso es algo que debo de tener en cuenta.

Por otra parte, eso que menciona usted sobre los cientos de fracasados celebrando la victoria de España como si fuera suya, realmente me parece deprimente hasta el grado de ser patético, pero es un fiel reflejo de nuestra sociedad: Somos una nación patética en muchos sentidos, y al paso en el que vamos, con la inminente llegada de Peña Nieto a los Pinos para 2012, el panorama no parece muy alentador.

Saludos mi estimado Decompuesto

Anonymous said...

Pensaba y pensaba en encontrar ilación pero no fue así, no pude. ¿Por qué tlaxcaltequismo? Hasta donde sé, Tlaxcala fue aliada de los españoles, pero ELLOS SÍ ganaron algo y fue que no los exterminaran de la forma más jodida posible, además de su escudo y protección española.

Sigo sin comprender, pero sí, vaya tela con estos cabrones fetichistas de lo ajeno, jajaja.

Alexander Strauffon said...

Tenemos la misma opinion en cuanto a lo que el futbol soccer se refiere. Lo considero contendiente para ser el opio de las masas, rivalizando con la religion.

Buen relato.

Anonymous said...

Dime por favor que ya oiste el "tema del bicentenario". Tus impresiones por favooor!!!

Lapancito said...

Ay desponponido, deberías saber que el fútbol es el deporte nacional porque idiotiza a las masas y distrae sus 3 minutos de retención de los temas importantes... y by the way, OBVIO va a ganar Peña Nieto el sexenio del 2012, la democracia de la derecha nepotista sera reinstaurada, la gatada volverá a ser lo que siempre debió ser, fuerza de trabajo productiva y diezmada, tendremos una primera dama pasable por fin, y se volverá a gobernar a este país región 4 con mano de hierro.
À bientôt