Ya lo sé. No tienen que decírmelo siquiera. Me los imagino perfecto en estos instantes, tirados en la sala de su casa o la de su amigo, media botella de tequila en el estómago que pronto se convertirá en medio litro de guácara en la tasa del excusado. Ni tienen que decírmelo: se pusieron hasta la madre, festejaron el bicentenario con globos, fanfarrias, campanas, cohetes, confetti y mariachis porque son bien mexicanos. Pero ahórrense sus historias de cómo se desgastaron las cuerdas vocales, de cómo se desinflaron los pulmones a gritos. No quiero escuchar acerca de su conmoción emocional al saber que los Tres Próceres de la Patria estarían en los balcones del Palacio Nacional para gritar: ¡Viva México!
Ya lo sé. Ni me digan. Hoy más que nunca se sienten tan emocionados por sus patrias que hasta tienen ganas de llorar. Porque han pasado 200 años de libertad, soberanía y autogestión. Han pasado 200 años desde que México se convirtió en un país independiente, y desde ese entonces, a pesar de nuestros millones de problemas (108 millones, según el Inegi), hemos logrado construir un país fuerte, aguerrido, grande, bello, lleno de gente, colores, políticos y pueblos cálidos y mágicos y sorprendentes.
Así que celebren su patria. Mientras tanto, yo me quedaré acostado en mi cama, sobrio y confundido. Me quedaré preguntando: ¿Qué diablos celebramos? No creo que esté mal celebrar. Digo, el país está tan mal que la idea de morirse e ir al infierno suena como un avance. Como me dijo una vez un cuate: que estés en el hospital no significa que no tengas derecho a festejar tu cumpleaños.
A 200 años de la independencia, la vacuidad de las celebraciones pone en evidencia el hecho de que no sabemos ni qué diablos es México. Sabemos que es un país con territorio, población y (mal) gobierno. Pero más que eso, no lo tenemos claro.
¿Qué diablos somos? A 200 años, ¿qué chingados es México? ¿De verdad nos seguimos tragando la misma perorata de que da lo mismo ser indio lacandón que ser Carlos Slim? ¿Que da lo mismo ser un narco en Tijuana que un hipster en La Condesa? ¿Que da lo mismo hablar raramuri que hablar tzeltal que hablar español con acento de Tepito?
Los gobiernos de derecha tienen mala imaginación. A falta de un entendimiento de la realidad del país, a falta de originalidad e inteligencia, el gobierno lo único que pudo hacer (al igual que todos los gobiernos de derecha) fue convertir todo en una fiesta de banderas y luces artificiales. Convertir 200 años de vida independiente en un espectáculo audiovisual y pirotécnico. Reducir la complejidad de un país a un montón de analfabetas borrachos vomitando por las calles de mi ciudad, meando en los edificios y haciendo caca atrás de los botes de basura. A falta de cualquier noción de lo que significa respetar y querer a un país, el gobierno considera que gastar en unos festejos es la única forma de demostrar su lealtad patriota. El problema es que dicha lealtad no existe. No porque blandiste un palo con un trapo tricolor significa que amas a México. Es siempre lo mismo: respetar el símbolo por encima del país y sus habitantes. Por eso, en lugar de aprovechar la oportunidad para celebrar lo que somos, reducimos nuestra hsitoria a un espectáculo tipo Disneylandia en el que unos charros flamígeros y unos aztecas fosforescentes bailan una coreografía techno. Todo hecho con mal gusto, todo hecho con cargo al erario público.
Insisto: no les diré que esto no merece una celebración. A fin y al cabo, son 200 años. Las conmemoraciones son también una forma de memoria histórica. Lo que me preocupa es la vacuidad de la celebración, la ausencia de un verdadero entendimiento de lo que es México. No nos hemos dado cuenta de que este país corre una terrible crisis existencial. ¿Qué demonios significa ser mexicano en una época global, de internet, mundializada? Una época en la que las tradiciones están cayendo en desuso y en la que la homogeneidad del capitalismo gringo amenaza con convertir el país en poco más que una sucursal de los negocios de algunos hombres Forbes.
A falta de un cuestionamiento profundo, lo único que le queda a este país es a disfrutar las luces artificiales. Y eso justo eso lo que debería de preocuparnos: el tamaño de la celebración es proporcional al de nuestra confusión.
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Escribí esta entrada el día 16 de septiembre por la mañana, pero luego tuve una orgía con dos suecas y una finlandesa y una keniana, así que me olvidé de postearla hasta ahora. Disculpen.
Thursday, September 16, 2010
Sunday, July 25, 2010
Sobre el tlaxcaltequismo futbolístico
El otro día estaba de lo más tranquilo en mi casa preparándome para salir a la calle. Podrá sonar a poca cosa pero no lo era: ocurría después de un mes de enajenación total en el que viví aislado como hikokomori, como ermitaño. Y sí: era hora de sacudirme el polvo y salir nuevamente a la calle. Ya sé que, contrario a lo acaecido hace cuatro años, cuando no dejé de despotricar contra el espíritu pambolero imperante ni contra la ineptitud de los directivos del fútbol mundial, llegado el Mundial Sudáfrica 2010 este blog decidió adoptar una postura de extraño silencio. Esto se debió, más que nada, a que me encontraba demasiado ocupado malabareando quinielas como para dejar que el espíritu crítico echara a perder mis necesarias dosis diarias de babeo frente a la pantalla de televisión.
Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse de alguien que recientemente cumplió los 26 años y que en abril presentó la tercera Declaración Anual de su vida (¿dije «presentó»? Perdón, quise decir «incumplió»), mi autocomplacencia pambolera tiene poco que ver con una desradicalización de mis posturas políticas y mucho que ver con el hecho de que he decidido que el futbol me importa tan poco y que el desempeño de la Selección me tiene sin cuidado a tal punto que ni me pienso poner a criticarlo (que el Mundial sea una fiesta publicitaria también me vale culo pues a estas alturas de mi vida soy inmune a la publicidad: mi un millón bardas, ni un millón de minutos de tiempo de radio, tele, etc., podrán convencerme JAMÁS de comprar un pan blanco Bimbo, pero jamás). Pero volvamos a la pregunta inicial ¿Por qué no critiqué el futbol este año? Bueno, porque no considero que el futbol sea un tema de interés nacional ni de gran importancia: preferiría que la selección mexicana jugara peor que la de Finlandia si eso implicara que nuestro nivel de vida promedio fuera similar al de los nórdicos. Creo que cada crítica a la selección mexicana es una crítica que mejor debería hacérsele a otras cosas. Al fin y al cabo, que México juegue mal no tiene mayor importancia. Si los señores aficionados que viven la intensidad del futbol deciden sufrir debido a que el equipo de sus amores no logra pasar de octavos de final desde hace 45 años, eso ya es problema de ellos, y no afecta mucho las condiciones políticas del país (por el contrario: si México gana, ahí si no nos la acabamos: el partido en turno tendría garantizada las siguientes tres reelecciones). Pero bueno, digamos que: en el esquema general del país, que México sea un mal equipo no implica nada.
En fin, he ahí mi excusa. Ahora, vayamos de vuelta al tema de esta entrada: tras esos deplorables 120 minutos en los que España y Holanda se dedicaron a intentar (sin éxito) clavar los tacos en los anos de los contrincantes, y tras desempolvar mis ropas y retirarme el catéter de la uretra (les digo: no me perdía ni un minuto de la transmisión), salí a caminar.
Cuál viene siendo mi puta sorpresa que, al llegar a la zona de la Glorieta de las Cibeles, me encuentro con una de las mayores manifestaciones de estupidez presenciadas en mi vida. Se los dice alguien que ha ido a mítines panistas. Se los dice alguien que estuvo al tanto del mandato de George Bush. Se los dice alguien que alguna vez pasó afuera de un cine que proyectaba el estreno de Twilight.
No sólo era estupidez. Era una puta farsa. Si 200 años después de nuestra independencia, los Padres de la Patria se encontraran a su raza de bronce arropada con una camiseta roja con el emblema de la corona, cantando con su acentro vernáculo las porras del Imperio, lo más seguro es que se pusieran a quemar banderas.
Si de por sí el futbol es una forma socialmente aceptable de saborear glorias ajenas, celebrar los triunfos de un equipo que no es el tuyo equivale a saborear los triunfos ajenos de los ajenos. Es piratearte la fantasía del otro. Es masturbarte con el fetiche ajeno. Es también un acto de desesperación: como esos pervertidos que entran a las recámaras donde otros se echaron una buena cogida para olfatear las sábanas.



Malditos maladaptados sociales. Si en cualquier otro país un inmigrante de cuarta generación saliera a la calle envuelto en banderas del país de sus tataratataratíos, lo acusarían inmediatamente de ser un marginal y le quitarían su pasaporte. Aquí no sólo no es mal visto, sino que es un acto de status.
¡Pero Decomposer! ¡Yo estaba ahí! ¡Merecía celebrar porque tengo apellido español y todo!
La (ir)racionalidad de quienes celebraban es algo como: México nunca va a ser campeón del mundo así que celebremos que un país con el que existe un vínculo histórico lo sea.
Y ahí los tienen: desenterrando el vínculo genealógico más oscuro posible para justificar su alegría. Pobres de nosotros. Hay que estar sedientos de gloria para hacer algo así. ¿Ustedes se imaginan a los gringos de Washington celebrando que Inglaterra ganó el Mundial? ¿O a los brasileños celebrando un triunfo portugués? ¿Saben por qué eso no ocurre? Porque esos países han ganado antes. No me refiero a mundiales. Me refiero a algo, lo que sea. México no ha ganado nada, nunca. Ni guerras, ni mundiales, ni nada. Y si la gente, en lugar de esforzarse por cambiar eso, lo único que hace es intentar vincularse como sea posible con los triunfos ajenos, entonces estamos jodidos.
Conclusiones: ¡Ja! ¡Broma! El tlaxcaltequismo futbolístico me tiene sin cuidado. Celebra a quien quieras, pero asume que es bastante estúpido y desesperado de tu parte. ¿Tienes ganas de celebrar? Pues encuentra tus propios motivos. Celebrar los triunfos o fracasos de otros 22 pelados que usan una camiseta verde o, peor tantito, roja, es bastante ingenuo.
Sin embargo, contrario a lo que podría esperarse de alguien que recientemente cumplió los 26 años y que en abril presentó la tercera Declaración Anual de su vida (¿dije «presentó»? Perdón, quise decir «incumplió»), mi autocomplacencia pambolera tiene poco que ver con una desradicalización de mis posturas políticas y mucho que ver con el hecho de que he decidido que el futbol me importa tan poco y que el desempeño de la Selección me tiene sin cuidado a tal punto que ni me pienso poner a criticarlo (que el Mundial sea una fiesta publicitaria también me vale culo pues a estas alturas de mi vida soy inmune a la publicidad: mi un millón bardas, ni un millón de minutos de tiempo de radio, tele, etc., podrán convencerme JAMÁS de comprar un pan blanco Bimbo, pero jamás). Pero volvamos a la pregunta inicial ¿Por qué no critiqué el futbol este año? Bueno, porque no considero que el futbol sea un tema de interés nacional ni de gran importancia: preferiría que la selección mexicana jugara peor que la de Finlandia si eso implicara que nuestro nivel de vida promedio fuera similar al de los nórdicos. Creo que cada crítica a la selección mexicana es una crítica que mejor debería hacérsele a otras cosas. Al fin y al cabo, que México juegue mal no tiene mayor importancia. Si los señores aficionados que viven la intensidad del futbol deciden sufrir debido a que el equipo de sus amores no logra pasar de octavos de final desde hace 45 años, eso ya es problema de ellos, y no afecta mucho las condiciones políticas del país (por el contrario: si México gana, ahí si no nos la acabamos: el partido en turno tendría garantizada las siguientes tres reelecciones). Pero bueno, digamos que: en el esquema general del país, que México sea un mal equipo no implica nada.
En fin, he ahí mi excusa. Ahora, vayamos de vuelta al tema de esta entrada: tras esos deplorables 120 minutos en los que España y Holanda se dedicaron a intentar (sin éxito) clavar los tacos en los anos de los contrincantes, y tras desempolvar mis ropas y retirarme el catéter de la uretra (les digo: no me perdía ni un minuto de la transmisión), salí a caminar.
Cuál viene siendo mi puta sorpresa que, al llegar a la zona de la Glorieta de las Cibeles, me encuentro con una de las mayores manifestaciones de estupidez presenciadas en mi vida. Se los dice alguien que ha ido a mítines panistas. Se los dice alguien que estuvo al tanto del mandato de George Bush. Se los dice alguien que alguna vez pasó afuera de un cine que proyectaba el estreno de Twilight.
No sólo era estupidez. Era una puta farsa. Si 200 años después de nuestra independencia, los Padres de la Patria se encontraran a su raza de bronce arropada con una camiseta roja con el emblema de la corona, cantando con su acentro vernáculo las porras del Imperio, lo más seguro es que se pusieran a quemar banderas.
Si de por sí el futbol es una forma socialmente aceptable de saborear glorias ajenas, celebrar los triunfos de un equipo que no es el tuyo equivale a saborear los triunfos ajenos de los ajenos. Es piratearte la fantasía del otro. Es masturbarte con el fetiche ajeno. Es también un acto de desesperación: como esos pervertidos que entran a las recámaras donde otros se echaron una buena cogida para olfatear las sábanas.
Malditos maladaptados sociales. Si en cualquier otro país un inmigrante de cuarta generación saliera a la calle envuelto en banderas del país de sus tataratataratíos, lo acusarían inmediatamente de ser un marginal y le quitarían su pasaporte. Aquí no sólo no es mal visto, sino que es un acto de status.
¡Pero Decomposer! ¡Yo estaba ahí! ¡Merecía celebrar porque tengo apellido español y todo!
La (ir)racionalidad de quienes celebraban es algo como: México nunca va a ser campeón del mundo así que celebremos que un país con el que existe un vínculo histórico lo sea.
Y ahí los tienen: desenterrando el vínculo genealógico más oscuro posible para justificar su alegría. Pobres de nosotros. Hay que estar sedientos de gloria para hacer algo así. ¿Ustedes se imaginan a los gringos de Washington celebrando que Inglaterra ganó el Mundial? ¿O a los brasileños celebrando un triunfo portugués? ¿Saben por qué eso no ocurre? Porque esos países han ganado antes. No me refiero a mundiales. Me refiero a algo, lo que sea. México no ha ganado nada, nunca. Ni guerras, ni mundiales, ni nada. Y si la gente, en lugar de esforzarse por cambiar eso, lo único que hace es intentar vincularse como sea posible con los triunfos ajenos, entonces estamos jodidos.
Conclusiones: ¡Ja! ¡Broma! El tlaxcaltequismo futbolístico me tiene sin cuidado. Celebra a quien quieras, pero asume que es bastante estúpido y desesperado de tu parte. ¿Tienes ganas de celebrar? Pues encuentra tus propios motivos. Celebrar los triunfos o fracasos de otros 22 pelados que usan una camiseta verde o, peor tantito, roja, es bastante ingenuo.
Entradas nuevas - Twitter
Dado que la recuperación de este blog ha sido más lenta incluso que la de la economía, aprovecho este oasis en el silencio para avisarles que pronto volverán a tener noticias mías.
Mientras tanto, si no lo han hecho, dense una vuelta por el Twitter oficial que está en http://www.twitter.com/oasisdehorror
Hoy le pronostiqué a un amigo que, dentro de 20 años, los presidentes y los secretarios de estado se dedicarán únicamente a ser publirrelacionistas y, por ende, su función principal será la de estar al pendiente y contestar los mensajes de Twitter que les manden (el buen Hugo Chávez ha sido el primer político de alto nivel en adoptar esta nueva tarea). Como blogger, ya me estoy poniendo al corriente de mis tiempos aunque, como bien imaginarán, no contesto comentarios y tampoco dejo ninguno.
Es decir, todo sigue más o menos igual pero en 140 caracteres.
Es decir, todo va de mal en peor.
Mientras tanto, si no lo han hecho, dense una vuelta por el Twitter oficial que está en http://www.twitter.com/oasisdehorror
Hoy le pronostiqué a un amigo que, dentro de 20 años, los presidentes y los secretarios de estado se dedicarán únicamente a ser publirrelacionistas y, por ende, su función principal será la de estar al pendiente y contestar los mensajes de Twitter que les manden (el buen Hugo Chávez ha sido el primer político de alto nivel en adoptar esta nueva tarea). Como blogger, ya me estoy poniendo al corriente de mis tiempos aunque, como bien imaginarán, no contesto comentarios y tampoco dejo ninguno.
Es decir, todo sigue más o menos igual pero en 140 caracteres.
Es decir, todo va de mal en peor.
Wednesday, April 21, 2010
Culpables de la pederastia
Si la Iglesia católica de México fuera un blog, tendría incluso menos visitas que el mío. Si fuera un comentarista de radio, su programa lo escucharían nada más que sus primos en internet (ni siquiere en AM les darían tiempo aire). Si no fuera porque la respaldan miles de años de institución, la Iglesia no merecería que la tomara en serio ni su madre.
La verdad es que, cada que abren sus hocicos, los altos mandos de la Iglesia no hacen más que regurgitar leche rancia conceptual y eructar elucubraciones que apestan a pedo de perro muerto. Si no hablaran en serio, la Iglesia sería fuente eterna de carcajadas. Son tan estúpidas las cosas que dicen, que hacer un post al respecto sería demasiado fácil y por lo tanto no lo haría. Si ahora lo dedico, es porque la Iglesia no es cualquier pendejo con un blog que leer tres pelagatos, sino una institución con opiniones son tomadas en cuenta por toda una estirpe inmunda de guadalupanos que no acabaron la primaria, de cholos asesinos, de proxenetas que le rezan a una virgen cuando ellos subastan la virginidad de las muchachas, de octogenarios temerosos de la muerte y de burgueses de provincia hijos de puta, quienes en su conjunto representan algo así como el 40% de la población del país.
Por eso es que las declaraciones de hace unos días de la Conferencia del Episcopado Mexicano me dan tanto coraje. Más allá de que resulta irónico que una bola de viejos supuestamente vírgenes nos quieran decir de qué forma hay que coger, lo que me hace tirar chorros de capsaicina por la cola son las insinuaciones de que los culpables de que unos curas abusen sexualmente de niños no son los pinches curas depravados, sino otros fenómenos.
La culpa, señores y señoras, es del “Libertinaje sexual.“ ¿Qué quiere decir esto? Que la culpa es de una cultura en la que, después de mil años de azotes y autorepresión, la gente ha empezado a disfrutar su sexualidad. Así que el culpable de que Marcial Maciel se haya cogido a cien niños son todos ustedes. Tú, al que le gusta mamar panochas. Y de tu hermana, porque se vuelve loca chupando pitos. La culpa es de tu tío porque el otro día le pidió a tu tía que le lengueteara la cola. La culpa es de mi amigo Pedrito, que se cogió a la novia en el culo. La culpa es de mi amiga Chucha, que hizo un trío lésbico con sus dos mejores amigas cuando tenía 18 años. La culpa es de mi amigo Pepito, que se embarra el pito de Nutella y luego llama al perro para que....ah, bueno, omitamos al Pepito. El caso es que dice la pinche iglesia que la culpa de que ahora haya personas que van por la vida con irreparables heridas sicológicas no es de los cabrones que se las infligieron, sino de todos los que alguna vez han sodomizado, felado, cunnilingueado, cogido de perrito y hecho deliciosas, deliciosas orgías con hermosas mujeres bisexuales. La culpa es de todos los adolescentes confundidos que le han batido una puñeta a su amigo una noche de peda en la azotea. La culpa es de las niñas de 16 años que se han cogido a los dos chicos que les gustan en la misma semana.
La culpa es de una teibolera de un teibol de Insurgentes que por dos boletos le agarra la chola a un señor de 40 años. La culpa es de todos los que alguna vez hayan visto accidentalmente pornografía en internet, y de todos los que se han exprimido unas aguas de plátano con las fotos de la entrepierna de Britney Spears. La culpa es de todos los que hemos cogido sin el deseo de que nuestro chorro de leche se nos regrese nueve meses después por la misma puerta por la que entró convertido en un escuincle llorón y cagón: de todos los que han cogido con un incómodo pedazo de plástico adherido al pene para no contagiarse de una enfermedad mortal que a la iglesia no le importó que se difundiera por toda África, de todos los que han abortado “niños“ de dos semanas de gestación porque no iban a poder proporcionarles amor ni una vida decorosa.
Que la culpa de que unos viejos sicalípticos con peste a cloaca en la boca y deseos más oscuros que los de un reptil manoseen niños bajo amenaza de que se van a ir al infierno no es ni de una Iglesia con ideas medievales sobre los genitales (el pito es el bastón del diablo y la vagina es la boca de Satanás) y el amor, ni unos hombres incapaces de renegar una vocación que los convierte en esclavos de un deseo que los sobrepasa (me pregunto: ¿si ya estás dispuesto a pecar, ¿por qué no mejor hacerlo con un niño en lugar de hacerlo con una prostituta? Eso es lo turbio del asunto: que los cabrones no desean ensuciarse con mujeres impuras: prefieren ensuciar a los menores que mancharse con carnes de una piruja de segunda mano que los juzgue por su mal desempeño sexual), sino yo, Herbert Von Decomposer, que lo único que he hecho todo este tiempo es celebrar, mi verga mediante, que no vivo bajo la ley Shaira y que al PAN no se le ha ocurrido establecer una comisión ayatólica reguladora de mi pinga.
Básicamente, lo que dicen es que la culpa de que por todo el mundo haya ahora niños y adultos infelices y traumados, incapaces de llevar una vida sexual normal, que se sienten sucios y asquerosos y violados, no es de los individuos responsables de su propio libre albedrío ni de las instituciones que dirimen estúpidos y draconianos reglamentos que les impiden a quienes ejercen la fe cristiana vivir una vida normal, sino de otros que hemos relegado las pendejadas y los prejuicios eclesiásticos y hemos, tras las puertas cerradas de nuestras habitaciones olorosas, disfrutado de nuestros falos, esfínteres, clítoris y lenguas.
Pues que no mamen.
- -
A todos los que me extrañaron y me estuvieron escribiendo correos preguntándome cuándo postearía, les informa que esperaba un poco más de perspicacia de su parte. Si posteo desde el centro de Chile (ver entrada anterior) ocho horas antes del terremoto más terremótico de los últimos cien años, entonces eso significa que las cosas no están bien. Por fortuna, fui exonerado de los cargos de rapiña (decidieron que robar hamburguesas de soya no calificaba para una sentencia de cárcel) y ya estoy de vuelta.
La verdad es que, cada que abren sus hocicos, los altos mandos de la Iglesia no hacen más que regurgitar leche rancia conceptual y eructar elucubraciones que apestan a pedo de perro muerto. Si no hablaran en serio, la Iglesia sería fuente eterna de carcajadas. Son tan estúpidas las cosas que dicen, que hacer un post al respecto sería demasiado fácil y por lo tanto no lo haría. Si ahora lo dedico, es porque la Iglesia no es cualquier pendejo con un blog que leer tres pelagatos, sino una institución con opiniones son tomadas en cuenta por toda una estirpe inmunda de guadalupanos que no acabaron la primaria, de cholos asesinos, de proxenetas que le rezan a una virgen cuando ellos subastan la virginidad de las muchachas, de octogenarios temerosos de la muerte y de burgueses de provincia hijos de puta, quienes en su conjunto representan algo así como el 40% de la población del país.
Por eso es que las declaraciones de hace unos días de la Conferencia del Episcopado Mexicano me dan tanto coraje. Más allá de que resulta irónico que una bola de viejos supuestamente vírgenes nos quieran decir de qué forma hay que coger, lo que me hace tirar chorros de capsaicina por la cola son las insinuaciones de que los culpables de que unos curas abusen sexualmente de niños no son los pinches curas depravados, sino otros fenómenos.
La culpa, señores y señoras, es del “Libertinaje sexual.“ ¿Qué quiere decir esto? Que la culpa es de una cultura en la que, después de mil años de azotes y autorepresión, la gente ha empezado a disfrutar su sexualidad. Así que el culpable de que Marcial Maciel se haya cogido a cien niños son todos ustedes. Tú, al que le gusta mamar panochas. Y de tu hermana, porque se vuelve loca chupando pitos. La culpa es de tu tío porque el otro día le pidió a tu tía que le lengueteara la cola. La culpa es de mi amigo Pedrito, que se cogió a la novia en el culo. La culpa es de mi amiga Chucha, que hizo un trío lésbico con sus dos mejores amigas cuando tenía 18 años. La culpa es de mi amigo Pepito, que se embarra el pito de Nutella y luego llama al perro para que....ah, bueno, omitamos al Pepito. El caso es que dice la pinche iglesia que la culpa de que ahora haya personas que van por la vida con irreparables heridas sicológicas no es de los cabrones que se las infligieron, sino de todos los que alguna vez han sodomizado, felado, cunnilingueado, cogido de perrito y hecho deliciosas, deliciosas orgías con hermosas mujeres bisexuales. La culpa es de todos los adolescentes confundidos que le han batido una puñeta a su amigo una noche de peda en la azotea. La culpa es de las niñas de 16 años que se han cogido a los dos chicos que les gustan en la misma semana.
La culpa es de una teibolera de un teibol de Insurgentes que por dos boletos le agarra la chola a un señor de 40 años. La culpa es de todos los que alguna vez hayan visto accidentalmente pornografía en internet, y de todos los que se han exprimido unas aguas de plátano con las fotos de la entrepierna de Britney Spears. La culpa es de todos los que hemos cogido sin el deseo de que nuestro chorro de leche se nos regrese nueve meses después por la misma puerta por la que entró convertido en un escuincle llorón y cagón: de todos los que han cogido con un incómodo pedazo de plástico adherido al pene para no contagiarse de una enfermedad mortal que a la iglesia no le importó que se difundiera por toda África, de todos los que han abortado “niños“ de dos semanas de gestación porque no iban a poder proporcionarles amor ni una vida decorosa.
Que la culpa de que unos viejos sicalípticos con peste a cloaca en la boca y deseos más oscuros que los de un reptil manoseen niños bajo amenaza de que se van a ir al infierno no es ni de una Iglesia con ideas medievales sobre los genitales (el pito es el bastón del diablo y la vagina es la boca de Satanás) y el amor, ni unos hombres incapaces de renegar una vocación que los convierte en esclavos de un deseo que los sobrepasa (me pregunto: ¿si ya estás dispuesto a pecar, ¿por qué no mejor hacerlo con un niño en lugar de hacerlo con una prostituta? Eso es lo turbio del asunto: que los cabrones no desean ensuciarse con mujeres impuras: prefieren ensuciar a los menores que mancharse con carnes de una piruja de segunda mano que los juzgue por su mal desempeño sexual), sino yo, Herbert Von Decomposer, que lo único que he hecho todo este tiempo es celebrar, mi verga mediante, que no vivo bajo la ley Shaira y que al PAN no se le ha ocurrido establecer una comisión ayatólica reguladora de mi pinga.
Básicamente, lo que dicen es que la culpa de que por todo el mundo haya ahora niños y adultos infelices y traumados, incapaces de llevar una vida sexual normal, que se sienten sucios y asquerosos y violados, no es de los individuos responsables de su propio libre albedrío ni de las instituciones que dirimen estúpidos y draconianos reglamentos que les impiden a quienes ejercen la fe cristiana vivir una vida normal, sino de otros que hemos relegado las pendejadas y los prejuicios eclesiásticos y hemos, tras las puertas cerradas de nuestras habitaciones olorosas, disfrutado de nuestros falos, esfínteres, clítoris y lenguas.
Pues que no mamen.
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A todos los que me extrañaron y me estuvieron escribiendo correos preguntándome cuándo postearía, les informa que esperaba un poco más de perspicacia de su parte. Si posteo desde el centro de Chile (ver entrada anterior) ocho horas antes del terremoto más terremótico de los últimos cien años, entonces eso significa que las cosas no están bien. Por fortuna, fui exonerado de los cargos de rapiña (decidieron que robar hamburguesas de soya no calificaba para una sentencia de cárcel) y ya estoy de vuelta.
Saturday, February 27, 2010
Tuesday, February 16, 2010
Malentendidos
¿Por qué a la primera muestra de descontento van todos a dejarme ofrendas a mi hipotética tumba? Si no he escrito es porque no he tenido nada que decir, no porque crea que mi labor en este mundo ciberespacial haya terminado o porque crea que el PAN haya solucionado todos mis problemas y ahora no me quede nada salvo descansar.
Por el contrario, los gargajos que se fermentan en mis pulmones los siento cada vez más pesados, cada vez más amarillos y purulentos. Aunque los escupa con la impotencia y el cansancio de quien ha fracasado tanto que el fracaso se ha convertido en su único sentido alcanzable, manchar las banquetas de la civilización con mis inmundicias sigue siendo para mí una responsabilidad.
Así que anden con cuidado, no vaya a ser que se embarren los zapatos.
Por el contrario, los gargajos que se fermentan en mis pulmones los siento cada vez más pesados, cada vez más amarillos y purulentos. Aunque los escupa con la impotencia y el cansancio de quien ha fracasado tanto que el fracaso se ha convertido en su único sentido alcanzable, manchar las banquetas de la civilización con mis inmundicias sigue siendo para mí una responsabilidad.
Así que anden con cuidado, no vaya a ser que se embarren los zapatos.
Saturday, January 30, 2010
Problemas
Este blog está oficialmente en recesión. Lo que pensé sería un catarrito terminó por ser gripa porcina o pulmonía o no sé qué. Y es que francamente, estoy cansado. Tengo un problema, y el problema es que no sé en què consiste este problema. Mi problema no es la escritura: podría fácilmente hilar una serie de comentarios, conectar unas ideas, inventarme unos insultos y escupir con mis palabras la cara de los comemierdas de siempre. Pero por alguna razón que desconozco, no quiero o no puedo o no le veo la importancia. A fin de cuentas, cada vez le veo menos sentido a esto. No lo hago por la popularidad, ni por el dinero, ni por el hecho de expresarme. No me interesa ser leído, los comentarios ni los reviso (dirán: es pobre y se da el lujo de despreciar, y tienen razón). Este blog lo empecé a escribir creyendo que algo podría cambiar, que algo podría influir. Lo empecé porque me pareció que un blog era un buen lugar para transmitirle a las personas mis ideas. Ahora me parece que se trató de una empresa arrogante a más no poder. ¿A qué clase de imbécil se le ocurre que sus ideas son más relevantes que las de los otros? ¿A què clase de cretino le pasa por la cabeza que tiene algo que enseñar? Que su visión de las cosas amerita serle transmitida a los demás.
Yo lo ùnico que veo es que el mundo avanza por un proceso irrefrenable de embrutecimiento. Esto ocurre a nivel global, a nivel nacional, a nivel personal. Los presidentes se van volviendo más idiotas mientras que las personas se van volviendo pendejas, se van volviendo màs conformistas y la historia es cada vez màs aburrida. Todos y cada uno de nosotros tenemos sembradas en nuestros interiores las semillas de la idiotez. Y es la flor de la idiotez la más común y populosa de las que brotan de los espíritus simples. La flor de la idiotez tapiza el mundo y los campos; su pólen vuela por los aires y se transmite y toca los pistilos de otras flores idiotas para formar más y más idiotez. La idiotez es el estado anhelado por nuestra sociedad y se cristaliza en el consumo, en el entretenimiento vacío, en las relaciones de pareja mundanas y en el aburrimiento masivo. La idiotez es el trabajo por el trabajo mismo. La idiotez es mantener un mundo por el simple hecho de que mantenerlo así nos permite comer. La idiotez es el más perfecto de los estados humanos y florece en el momento en el que uno va aceptando que el mundo tal vez no esté tan mal. ¿Y por qué alguien podría creer semejante cosa? Tal vez la respuesta sea más mezquina que romántica: por el hecho de que el sistema que alguna vez lo rechazó, que alguna vez lo trató de freak, que alguna vez lo despreció y lo humilló, ha, después de mucha bilis y después de mucho gritar y blasfemar, empezado a concederle a uno la razón. Y aun así, uno no siente que esto mejore.
Y he ahí el mayor de los problemas.
Yo lo ùnico que veo es que el mundo avanza por un proceso irrefrenable de embrutecimiento. Esto ocurre a nivel global, a nivel nacional, a nivel personal. Los presidentes se van volviendo más idiotas mientras que las personas se van volviendo pendejas, se van volviendo màs conformistas y la historia es cada vez màs aburrida. Todos y cada uno de nosotros tenemos sembradas en nuestros interiores las semillas de la idiotez. Y es la flor de la idiotez la más común y populosa de las que brotan de los espíritus simples. La flor de la idiotez tapiza el mundo y los campos; su pólen vuela por los aires y se transmite y toca los pistilos de otras flores idiotas para formar más y más idiotez. La idiotez es el estado anhelado por nuestra sociedad y se cristaliza en el consumo, en el entretenimiento vacío, en las relaciones de pareja mundanas y en el aburrimiento masivo. La idiotez es el trabajo por el trabajo mismo. La idiotez es mantener un mundo por el simple hecho de que mantenerlo así nos permite comer. La idiotez es el más perfecto de los estados humanos y florece en el momento en el que uno va aceptando que el mundo tal vez no esté tan mal. ¿Y por qué alguien podría creer semejante cosa? Tal vez la respuesta sea más mezquina que romántica: por el hecho de que el sistema que alguna vez lo rechazó, que alguna vez lo trató de freak, que alguna vez lo despreció y lo humilló, ha, después de mucha bilis y después de mucho gritar y blasfemar, empezado a concederle a uno la razón. Y aun así, uno no siente que esto mejore.
Y he ahí el mayor de los problemas.
Saturday, December 19, 2009
huevos Juanito
Con la renuncia (ahora sí) definitiva de Juanito todo indica que muy pronto (ahora sí) estaré en la calle otra vez, y que no tendré que volver a ver una celda, al menos no hasta que se enteren de alguno otro de mis largos y prolíficos crímenes. Ya llegué a un acuerdo con Clara Brugada y con el Consejo Coordinador Empresarial (larga historia) y muy pronto podré teclear mis entradas en mi lactoc y podré venderle esta Blackberry a algún otro malandro que la necesite para hacer extorsiones por Skype o algo.
Estoy terminando unas obras en MS Paint, pero tan pronto estén listas tendré las puertas abiertas para salir nuevamente a hacer de las mías.
Estoy terminando unas obras en MS Paint, pero tan pronto estén listas tendré las puertas abiertas para salir nuevamente a hacer de las mías.
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